Bajón Huellas: una oportunidad de darse por los demás

“Lo mejor de este día no es regalar un juguete o un plato de comida, sino compartir con otros, decirles que Dios les bendiga, que está con ellos, desearles lo mejor en este nuevo año, acercarse a la gente”, así resumía Maricela Herrera, fundadora de la organización lo que significa el Bajón Huellas. Lo decía a la treintena de jóvenes que se habían volcado a la fundación el último día del año.

Habían llegado no para celebrar el fin de año o para simplemente saludarse. Todo lo contrario, llegaron para despedir el año haciendo algo diferente: para darse por los demás. Querían compartir las últimas horas del 2016 junto a otros, junto a los que viven en la calle, junto a los niños y adultos que trabajan en los semáforos, junto a los que piden limosna en las esquinas.

Con esas ansias y con esa alegría de compartir con otros inició el Bajón Huellas 2016, después claro de haber visitado el Hogar Reina de la Paz, donde los voluntarios compartieron el desayuno con los abuelitos. El recorrido inició por la Alameda Manuel Enrique Araujo, donde decenas de personas que viven o trabajan en la calle ya esperaban alegres su plato de comida y los niños su regalo. Continuó por la 49 avenida sur y bulevar de los Héroes y terminó en el centro capitalino.

Cada parada era una oportunidad de compartir con otros: comida, juguetes y, sobre todo, una bendición. La comida y los juguetes se acabaron, pero el Bajón continuó hasta llegar a los Planes de Renderos, donde como ya es tradición, las Hermanas Clarisas del Monasterio de San Damián esperaban con alegría la visita de la fundación.

Y así finalizaba la actividad: recibiendo la bendición de Santa Clara de Asís de las madrinas espirituales de la fundación, de quienes no se cansan de rezar por todo el mundo.